La Lumbalgia o dolor lumbar

La lumbalgia o dolor lumbar abarca un gran número de posibilidades patológicas debido en gran medida a la falta de conocimiento exhaustivo de la biomecánica y la fisiopatología de esta enfermedad. A diferencia de otras lesiones con un origen claro y específico, la lumbalgia se muestra como una lesión inespecífica con un origen poco claro y con unos protagonistas desconocidos en la mayoría de los casos. Incluso cuando existen pruebas de radiodiagnóstico, como la radiografía o la RMN (resonancia magnética), no es posible obtener un diagnóstico concreto. Denominaciones como lumbago, ciática, lumbociática, ciatalgia, hernia discal… son algunas de las etiquetas más usuales utilizadas en el ámbito terapéutico.

Vamos a hablar un poco de números; según los estudios, el 80% de la población va a sufrir un episodio de lumbalgia al menos una vez en la vida y en el 90% de los casos no se encuentra ningún tipo de lesión que justifique el proceso, por lo que la lesión será catalogada como lumbalgia inespecífica. La lumbalgia tiene una gran trascendencia debido a sus grandes repercusiones económicas y sociales asociadas, ya que se ha convertido en una de las primeras causas de absentismo laboral. En la cronificación de la lumbalgia se produce una asociación entre factores musculares y psicosociales que favorecerán la cronificación e incapacidad asociada al proceso.

En esta ocasión y sin que sirva de precedente no vamos a realizar comentarios pormenorizados acerca de la anatomía por el gran número de estructuras implicadas y porque realmente no es lo más importante; en cambio incidiremos más en las causas y su tratamiento.

Antes de introducirnos en materia vamos a realizar una división en cuanto al tiempo de evolución. Según este criterio podemos dividir la lumbalgia en: agudas que tienen un tiempo de prevalencia de 1 a 4 semanas, subagudas con un tiempo de 4 a 12 semanas y en crónicas con un tiempo de evolución de más de 3 meses.

 

Anatomía

Tan solo comentar que cuando nos referimos a la zona lumbar, hablamos de la parte baja de la espalda. La conforman 5 vértebras lumbares que se articulan por arriba con las vértebras dorsales (la primera lumbar con la duodécima dorsal) y por abajo con el sacro (la quinta lumbar con la primera sacra). Existen numerosos músculos que se encargan, mediante un perfecto equilibrio dinámico, del control de la zona lumbar; entre los más destacados se encuentran el transverso del abdomen, la musculatura paravertebral lumbar, los oblicuos del abdomen, el cuadrado lumbar… En la mayoría de los casos, es la alteración de este equilibrio el responsable de la aparición de lesiones en esta zona.

 

Mecanismo de lesión

Son numerosas y muy variadas las causas que pueden provocar episodios de lumbalgia, desde una mala postura mantenida durante largo tiempo, un esfuerzo no acostumbrado o movimientos rápidos e incontrolados de columna, hasta orígenes más subjetivos como puede ser el aumento de estrés. Como veis, muchas variables influyen en la mecánica lesional pero todas tienen un origen común que es la debilidad de la zona lumbar, siendo este punto fundamental para el posterior tratamiento. El paciente refiere dolor y una impotencia funcional de moderada a severa, según los casos. En la mayoría de los casos el dolor no va en consonancia con la gravedad de la lesión, ya que la sensación dolorosa es mucho más alta. Esto no quiere decir que no se le dé importancia a la lesión pero es fundamental tenerlo en cuenta para afrontar con tranquilidad la recuperación. La visita al médico especialista va a ser obligatoria si los síntomas son severos y/o vienen acompañados de fiebre, problemas para el control de esfínteres o extrema debilidad en una pierna.

 

Tratamiento

Un dato a tener muy en cuenta es que, como norma general, está contraindicado el reposo absoluto ya que prolonga el estado lumbálgico y la incapacidad laboral y deportiva. Por ello, la mejor recomendación es mantener el mayor grado de actividad física que el dolor permita y, si en algún caso eso significa verse obligado a hacer reposo en cama, éste deberá de ser lo más breve posible y durar un máximo de 2 días, ya que se estima que cada día de reposo en cama conlleva una pérdida del 2% de la potencia muscular. Teniendo este concepto presente, nuestro tratamiento agudo se basará en medidas analgésicas para combatir el dolor.

Otro dato a tener en cuenta en la lumbalgia es que según los estudios el 75% de los casos se resuelven de manera espontánea en menos de 4 semanas. Por lo tanto, el tratamiento de este tipo de lesiones debe ir encaminado a la búsqueda de la causa primera y evitar así más episodios en el futuro, ya que es en este aspecto donde el tratamiento de la lumbalgia sí es efectivo.

Debemos tener en cuenta que las terapias manuales van a ser más importantes para la prevención que para la recuperación momentánea, aunque también incidiremos de manera importante sobre la lesión en la fase subaguda. Están indicadas técnicas como el masaje, que debe ser progresivo y global, los estiramientos de las cadenas musculares implicadas, las manipulaciones osteopáticas (realizada por profesionales cualificados y sin que exista riesgo de afectación discal), y muchas técnicas más cuyo objetivo sea la instauración de la movilidad de la zona y la tonificación posterior de la misma. Por este motivo, además de la recomendación anterior de guardar el reposo prescindible, el ejercicio es una de las armas terapéuticas más recomendadas para este tipo de lesiones. Como con cualquier técnica debemos conocer cuáles son los ejercicios más recomendados para cada caso pero como norma general todos los ejercicios que impliquen un fortalecimiento de la zona abdomino lumbar serán los más adecuados, como por ejemplo todos los ejercicios de abdominales y oblicuos, los ejercicios lumbares y en especial los ejercicios que trabajen la musculatura profunda abdominal (transverso del abdomen).

 

Mitos a la basura

• Evitar en la medida de lo posible el reposo absoluto.

• Los músculos abdominales son importantes pero los lumbares lo son aún más. No debemos olvidarlos en nuestro programa de ejercicios.

• El ejercicio es una de las principales armas terapéuticas para el tratamiento, pero sobre todo para evitar la aparición de episodios posteriores

• ¿Natación? No siempre es el mejor remedio. Sólo será recomendable para las personas que se desenvuelvan bien en este medio. Es más recomendable realizar ejercicios dentro del agua.

• En principio está permitida cualquier actividad física realizada de manera moderada.

Autor: Francisco Gámez Aragüez. Articulo en Sportraining.

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