PERIOSTITIS TIBIAL

I. INTRODUCCIÓN

Un síndrome importante en los atletas, sobre todo en corredores de medio fondo y fondo, es la Periostitis Tibial, denominada: shin splint, tibia dolorosa, tibia rugosa, síndrome de estrés medial de la tibia (MTS), periostosis tibial, etc. terminologías variadas todas ellas que vienen a decir que la tibia o tibias duelen. Es una afectación común en los atletas y saltadores. Suele originarse en el periodo que va del entrenamiento en campo a través, al que se practica en pista en corredores de medio fondo y fondo, cuando se inician las series de tipo interval-training o similares.

Un dolor, inflamación o quemazón cuando estamos corriendo en la cara antero-interna de la pierna, en la tibia, en la “espinilla”, puede ser el síntoma de una PERIOSTITIS TIBIAL, patología típica en el fondista, sobretodo en entrenamientos de distancias que requieran muchas horas, como medias maratones y maratones, aunque también podemos verla en corredores de menos distancia, dado que la tibia es una zona muy solicitada en el ejercicio de correr.

La PERIOSTITIS, es una inflamación aguda o crónica del PERIOSTIO (peri = alrededor, y osteo = hueso), que es una membrana fibrovascular que rodea las piezas óseas, recubre los huesos, y en especialmente a la tibia, por su superficie externa excepto en lugares de inserción de ligamentos, tendones, y superficies articulares (la superficie externa del hueso a nivel de las articulaciones está cubierta por cartílago hialino, llamado cartílago articular), confundiéndose con las terminaciones de los tendones sobre el hueso.

El periostio sirve de lecho de sostén para los vasos sanguíneos y las terminaciones nerviosas que van al hueso (siendo por ello muy sensible) y para la fijación de los tendones y ligamentos (es muy resistente).

Podemos decir, que el PERIOSTIO es la vaina fibrosa que cubre los huesos y que contiene vasos sanguíneos y nervios que nutren y le dan sensibilidad a los mismos. A esta capa se pegan los músculos, como en el caso de la Tibia: el gemelo, soleo, tibial posterior, flexor de los dedos, tibial anterior, que usamos en la práctica del ejercicio de correr, encima de ella tenemos una capa de grasa y por último, la piel. En concreto, el dolor es el resultado de la tracción que ejercen los músculos que se unen a la tibia sobre ella.

La PERIOSTITIS TIBIAL es el nombre genérico que se le da a la irritación inflamatoria de la membrana externa de la TIBIA.

El PERIOSTIO presenta dos zonas:

EXTERNA, fibrosa, rica en vasos y nervios (terminaciones nerviosas que le hacen muy sensible a la manipulación), que se continúa con el tejido conectivo próximo y que mediante la irrigación sanguínea provee de nutrición al hueso (las terminales nerviosas no llegan hasta el hueso, terminan en el periostio, por esta situación es una lesión tan dolorosa).

INTERNA, de recambio, en íntima relación con el hueso y de la que parten fuertes fibras colágenas y elásticas, contiene células que se transforman en osteoblastos que son los responsables del aumento de grosor del hueso y los encargados de producir la sustancia para que este crezca en anchura y se renueve. Después de una fractura ósea son esenciales en el proceso de curación.

La flecha verde indica la dirección de tracción excesiva del tendón sobre el periostio tibial y la membrana interósea, ocasionada por la hiperpronación (flecha roja)

Cuando la tibia nos “quema” la CAUSA de la PERIOSTITIS TIBIAL puede ser anatómica, aunque también puede estar unida a la intensidad de la práctica del entrenamiento, en el corredor, y a los terrenos sobre los que se practica, (sobre superficies planas o inclinadas), utilizar calzado de mala calidad o cuando el grupo muscular gemelo-sóleo y el tibial anterior trabajan de una manera desbalanceada.

Como una quemazón, este dolor a nivel de la tibia que se nos presenta mientras estamos corriendo y situado en la cara antero interna de la tibia, con frecuencia (un 50% de los casos) afecta a las dos piernas. La palpación de la zona es dolorosa y el dolor puede sobrevenir mientras corremos.

II. CAUSAS.

MECANISMOS RESPONSABLES DE LA INFLAMACIÓN DEL PERIOSTIO:

1. Las vibraciones causadas por los entrenamientos repetitivos, por el impacto del pie en el suelo, sobre terrenos duros y a veces coincidiendo con la utilización de zapatillas inadecuadas o demasiado gastadas.

2. Las tracciones excesivas sobre las zonas de inserción de los músculos sobre el periostio, teniendo como origen las rigideces musculares o los apoyos incorrectos.

3. La excesiva rotación de la cadera, una torsión tibial externa aumentada, la hiperpronación o una eversión exagerada del talón (durante la fase de apoyo plantar), valgo del retropié.

4. Los traumatismos repetitivos directamente sobre el periostio en la cara anterior de la tibia (botas de esquí o de patinar, golpes directos como en el fútbol), aunque esta última causa no suele ser frecuente en fondistas.

5. El exceso de entrenamiento, rodajes sobre superficies demasiado duras, demasiadas cuestas y horas por terrenos irregulares, pueden desembocar en una periostitis tibial. No parar cuando existe dolor pensando que ya se pasará. Falta de estiramientos.

6. Zapatilla inadecuada poca amortiguación o demasiado dura, zapatillas con demasiados kilómetros y gastados.

7. Deficiencias Biomecánicas:

corredores que cargan con la punta del pie
atletas pronadores
pies planos

Algunos autores la describen como el síndrome de los corredores principiantes, ya que aparece por entrenar con calzados inadecuados, terrenos muy duros, o problemas biomecánicos que solo se detectan cuando uno empieza una actividad como el correr o tras el inicio de un programa de entrenamiento, después de un largo periodo de inactividad.

Las pequeñas anormalidades anatómicas y biomecánicas que carecen de significación al andar pueden provocar la aparición de lesiones mientras se entrena.

El mecanismo de la carrera consiste en una secuencia compuesta por dos fases: fase de apoyo y fase de elevación del pie en el aire (sin apoyo). Al correr, los pies “colisionan” contra el suelo unas 500-1250 veces por kilómetro 850 a 70 veces por minuto por cada pie, con una fuerza de dos a cuatro veces el peso corporal (dependiendo del terreno y del peso del individuo). El impacto queda absorbido por el calzado o bien se transmite directamente a las piernas y a la espalda.

III. SINTOMAS

Dolor en la cara antero interna de la pierna, en la zona de la tibia. Se pueden distinguir dos zonas: en los 2/3 distales del borde antero interno de la tibia, donde se insertan los músculos tibial posterior, flexor común de los dedos y sóleo. Y en el 1/3 medio de la tibia, en el borde antero externo, donde se inserta el tibial anterior, siendo éste la manifestación más frecuente de la periostitis.

El síntoma más claro de esta lesión es un dolor que aparece al iniciar la actividad física y que disminuye después de un corto período de calentamiento, pero que vuelve a aparecer y con más intensidad, cuando se lleva un tiempo corriendo. El fondista experimenta una sensación de dolor o quemazón en la zona afectada.

Este dolor se atenúa progresivamente después de algunos días de reposo y reaparece al volver el paciente a la actividad deportiva.

IV. DIAGNÓSTICO

Lo realizará el médico cuando le expliquemos nuestros síntomas, y en la exploración palpando la zona, que se manifiesta como dolor vivo a la palpación y otras calor local y tumefacción. La palpación permite descubrir un punto doloroso específico o una superficie ósea irregular y dolorosa.

Se pueden palpar unas bolitas inflamatorias a lo largo de la tibia, como de rosario: Rosario Perióstico, que denotan la inflamación de la misma.

La exploración es primordial para determinar la CAUSA de la lesión, que puede ser además de las ya comentadas las siguientes:

una retracción muscular
pie plano valgo
diferencia en la longitud de las extremidades inferiores
pronación excesiva del pie
pie cavo y contraído
torsión tibial
genu varo (rodillas en X)

El interrogatorio irá encaminado a la búsqueda de un defecto en el entrenamiento, entrenar sobre terreno inadecuado o zapatillas defectuosas.

V. PRUEBAS COMPLEMENTARIAS

Se puede solicitar una Radiografía AP y lateral, que mostrará irregularidades de la membrana interósea en las periostitis antiguas. En las lesiones recientes, se realiza con el fin de verificar que no se trata de una fractura de fatiga tibial, aunque una fractura provoca un dolor más localizado y en una sola pierna (unilateral). Otras veces se necesitará un TAC o Resonancia Magnética.

La gammagrafía ósea: Al paciente se le inyecta un marcador radiactivo en una vena, de tal manera que viaje a través del torrente sanguíneo. A medida que el material se consume, emite radiación que es detectada por una cámara que lentamente rastrea el cuerpo. La cámara toma imágenes de la cantidad del marcador radiactivo que se acumula en los huesos, y nos diagnosticará la periostitis, en caso de que no tengamos claro el diagnóstico con las pruebas anteriores, es de utilidad para determinar el origen de los síntomas, y para diferenciar si la lesión es aguda o crónica. Presenta una hipercaptación en forma de líneas longitudinales en la periostitis y muestran captaciones transversales localizadas en los casos de fracturas por sobrecarga o de stress.

VI. DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL

Existe la teoría de que los factores anteriores, provocan que al correr, se cree una tracción repetida sobre el tendón del músculo tibial posterior, en su punto de inserción en la tibia y la membrana interósea, lo cual origina una tendinitis. Si se continúa con el ejercicio mientras está presente la lesión aparecerá una periostitis. Si continuamos corriendo podemos producir una fractura por sobrecarga, que constituye la forma más extrema de la lesión. Dicha fractura puede tener lugar en cualquier punto de los dos tercios distales de la diáfisis de la tibia, o bien en el área de inserción del músculo sóleo.

Descartaremos también un síndrome de la arteria poplítea, en el que los dolores aparecen cuando corremos, donde el dolor obliga a parar el entrenamiento, y desaparece durante el reposo.

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